Me venía absteniendo de opinar sobre la situación que atraviesa el país; no quería demostrar mi postura hasta que fueran pasando los días. A estas alturas, cada uno sabrá bien a que se deben las retenciones estipuladas y el porqué de la protesta de los ruralistas. Además, había que esperar a que concluyera la rutina de los fast-thinkers para analizar en profundidad. Ahora bien, si hay que elegir entre “Agro vs. Gob” prefiero seguir callando.

Al enterarse del “problema” la gente balbuceaba palabrotas, pero unas cuantas más habrán salido de mí al enterarme que cortaban la ruta. Luego, como había de esperarse, llegaron las consecuencias: un niño murió al desviarse los camiones y un hombre también falleció al no llegar al hospital. Y, como si eso no fuera poco, también vimos a través de los noticieros como se desechaban las mercaderías. Ahora digo, ¿por qué no hicieron uso de su cerebro y destinaron aquellos alimentos a gente que realmente lo necesita para subsistir?

A lo mejor debería coincidir con el Gobierno K, pero tampoco puedo dejar pasar que no tuvieron un reflejo más veloz. Sin más, les dejo a continuación “Carta abierta a Cristina”, de Fernando Peña (contratapa del diario Crítica de la Argentina del 29 de marzo de 200 8) . Antes, una última pregunta para pensar: ¿qué pasará después de los 30 días sin paro?

Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45
años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce,
pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar
muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante,
cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe
ser manejar un país… Yo seguramente trabajo menos de la mitad que
usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas.
Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro
por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi
cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué
lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus
zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y
algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al
vestirse.

Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio
de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y
almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo
hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por
cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más
pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de
ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero
por lo general no tengo una vida demasiado agitada.

Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo
uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es
que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal
26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo.
Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me
pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro
-mañana, por ejemplo- nadie llama. Para eso nadie llama.

Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún ‘escándalo’ o, en
este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que
D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente
mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos
los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive,
a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de
Mengele. Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el
miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del
martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo,
aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había
parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y
cortó. Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se
descargara el propio Luis. Me saludó con un ‘¿qué hacés, sorete?’ y
empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar.
¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal,
muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro,
cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui
yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a
gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien
parado es no ser consecuente, no ser fiel. Acepto contradicciones,
acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se
cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar.

El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de
embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó
diciéndome: ‘Chau, querido…’, enseguida empezaron los llamados,
primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que
yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca
de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente
peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me
contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el
ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así
Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted
o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía
me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad.
¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y
contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero
miedo. De todos modos lo dudo. Yo soy actor, no político ni periodista,
y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante
desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no
son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país
de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de
retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me
aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de
democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.
Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor
que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a
los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor,
usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este
señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que
usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me
reuniría tan seguido con él. De todas maneras, usted sabe lo que hace,
no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un
país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros
ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que
lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a
Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el
Uruguay… por tierra algún día también.

Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas,
Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del
mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que
se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos
una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí
piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país
serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que
la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un
señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le
suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis
es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero
creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social
se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y
que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un
centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima.
Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces
también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y
que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya
demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en
blanco y buenas intenciones. Cuando todo eso suceda, le daré la mano a
D’Elía y gritaré: ‘Viva Cristina’…

Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente
e ingenuo otra vez? Espero que no.

La saluda cordialmente,

Fernando Peña



2 Responses to “CARTA ABIERTA A CRISTINA K”  

  1. 1 bepapaorfano

    Estoy con el campo.

  2. 2 Beatriz

    Carta de una ciudadana a Cristina Fernandez

    Cansada de escucharla repetir frases partidistas perimidas, impostando
    un tono de voz seudo emocionado y recitando cada oración creída que nos muestra una verdad revelada, me siento a escribir estas líneas
    porque así como usted, Señora Presidente, encuentra su desahogo en la verborrea desde preparados escenarios, yo lo intentaré desde la
    escritura,ya que no tengo los medios económicos para reunir un auditorio de tamaña magnitud.

    Quiero desahogar en primer lugar la desazón que me produce cuando
    Usted hace uso y abuso de su condición de mujer. Se auto discrimina,
    se victimiza. Señora: estamos en el año 2008, hace casi una década que hemos comenzado el nuevo milenio, ya ninguna mujer occidental,
    profesional y dirigente se siente discriminada por ser mujer. No nos
    pasa por la cabeza ni sentimos en la piel esa sensación…gobernamos
    todo tipo de países, desde súper potencias hasta emergentes,
    dirigimos mega empresas, somos científicas, ejecutivas, eminencias en
    cada disciplina. Es una postura obsoleta titularse discriminada por
    ser mujer, hasta me atrevo a decir que es infantil y caprichosa, la
    mujer occidental ya no se ampara en este prejuicio. Como mujer me da
    rechazo que Usted utilice este argumento para conmover sensibilidades
    que no lograría de otra forma.

    También quiero desahogar el pensamiento que tuve cuando la escuché
    decir que Usted es la primera mujer Presidente elegida por el pueblo
    en la Argentina, todos recordamos que Isabelita también lo fue, Vice
    por supuesto, pero luego llegó (muy parecida a Usted) y también
    tuvimos a Evita, quien no llegó pero que por momentos Usted recrea en el timbre de voz y en la cadencia de su discurso . No nos engaña…es un viejo símbolo del peronismo ortodoxo ‘la mujer peronista’ al lado de su pueblo y de su hombre que le posibilita la vanidad del poder.

    Desahogo también el fastidio de escucharla decir ‘esta Argentina es
    otra, esta es la plaza de la transformación’ . La Argentina no es
    otra lamentablemente, gracias a su política sigue siendo la Argentina
    de las arengas, de las divisiones entre clases. La escucho hablar del
    ‘color de piel’, ‘de los oligarcas’, de ‘los dueños del país’, al
    igual que el peronismo del 45 hablaba de ‘los descamisados’, ‘de los
    oligarcas’ y de ‘los dueños del país’.

    Nos advierte a los que la miramos por tv que esto ha sido como el
    lock out patronal del 76…por favor!!! se me cruza por la mente la
    cara y las pocas pulgas del paisano Alfredo De Angeli, parado en una
    ruta entrerriana desde hace 20 días, él representa a todo el otro
    pueblo que Usted niega. Ya no hay lugar para golpistas Presidenta,
    por suerte aprendimos esa lección, pero lamentablemente aún hay lugar
    para aparatos peronistas, gremialistas con panzas y bolsillos gordos,
    fuerzas para policiales como sus seguidores a sueldo. No existen los
    intentos de golpe de Estado que usted nos cuenta envuelta en alta
    costura, adornada con su Rolex de oro y brillantes, que menos para el
    pueblo!, Evita era amada a pesar de sus visones. He dudado en escribir este último párrafo porque no quiero discriminarla a Usted por
    millonaria…pero nobleza obliga…usted discrimina a todo un sector
    de gente de campo laburadora tildándolos de ‘ricos que viven en la
    abundancia y golpistas’ yo no puedo menos que bajar a su nivel y
    tildarla a Usted de tilinga y vanidosa …entre otras cosas.

    También desde el mismo escenario de la histórica Plaza , hoy tan
    peronista como entonces, porque nada ha cambiado, nos indica que
    debemos terminar con 200 años de desencuentro y fracaso. Presidenta:
    no se si sabe que hace 100 años atrás la Argentina era pujante,
    emprendedora, trabajadora. Inmigrantes escapados de la pobreza de sus países poblaron esta tierra donde pudieron progresar , produjeron,
    trabajaron, abrieron caminos, ferrocarriles, fabricas, en fin…
    fuimos una Nación y sin su partido. Después vinieron los últimos 100
    años de historia donde se mezclaron gobiernos militares y casi 50 años
    de peronismo….sí….sumemos: Perón, Perón, Cámpora, Perón,
    Isabelita, Luder, Menem, Menem, Duhalde, Kichner, Kichner…, de
    manera que todos estos años de desencuentros y fracasos ¿a quien se
    los debemos?, creo que a nuestros emergentes: los dirigentes….USTED en este caso. Y esta situación de retroceso, de estancamiento y enfrentamiento con el campo argentino es el claro ejemplo de los fracasos del pasado: Campo versus Pueblo. Campo y pueblo son lo mismo o campo también es pueblo, mal que le pese a su partido y a Usted que ha recogido su bandera mas ortodoxa y destructiva.

    Y este antagonismo que Usted declama desde el escenario , esta
    diferencia que deliberadamente pretende instalar en el colectivo de
    los ciudadanos referida a ‘colores de piel’, ‘rubios contra negros’
    es una perimida utilización de la más vieja y burda política :
    instalar el resentimiento , declararse del lado de los pobres y
    arriarlos como rebaño detrás de la zanahoria. Pero los tiempos y la
    gente común la superan altamente Presidenta; ya nadie suscribe esas
    antinomias, ya nadie se obnubila con esos antiguos enunciados, la
    verdad pasa por otro lado , por el lado de los que trabajan y los que
    no, de los que quieren justicia y los que no, los que no roban y los
    que si. Ya todos sabemos muy bien que los gremialistas son los dueños
    del país, que los políticos y funcionarios son, al finalizar sus
    mandatos, los nuevos ricos de turno , todos sabemos muy bien que el
    campo y la industria no son antagónicos sino que son complementarios y motores indispensables para el desarrollo y todos sabemos muy bien que, como simple pueblo sin banderías, contamos con una sola herramienta para corregir fracasos y desencuentros: el voto…ya le tocará su turno Señora y como decía Perón: el pueblo hará sonar el escarmiento.

    No nos subestime Señora, nosotros -los argentinos comunes- sabemos muy bien que aquí no hay intención de golpe, que este reclamo del campo es económico y nada tiene que ver con ‘voltear un gobierno’, no
    necesitamos mezclar esto con el tema de los ‘derechos humanos’, el
    aparato que usted mueve es el pasado y la mentira, el reclamo del
    campo es pedir políticas de Estado con proyección de desarrollo
    federal y esto es genuino, si no hay alimento en las mesas de los
    argentinos es su culpa y responsabilidad y de nadie mas, hay un sector
    que le esta reclamando que no confisquen sus ingresos y hay un
    gobierno que por soberbia, incapacidad y debilidad en vez de
    comprender y corregir errores sumerge a todo el país en un nuevo
    desencuentro.

    Basta, ya me siento mas desahogada y sobre el final me doy cuenta que
    Usted no me falló, Usted es como yo esperaba: Una persona incapaz
    frente a tanta responsabilidad, una persona aferrada a la vieja
    política que se empeña en destruir nuestro futuro, una persona
    ambiciosa de poder y nada más.

    Aquí termino, no quiero cansar con este texto como usted me cansa con su discurso, se ha corrido un telón en Argentina, ahora todos los
    actores están en el escenario y precisamente Usted, no esta
    desempeñando el mejor papel.

    Una de tantas Mujeres argentinas.
    12/05/08

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