En la franja horaria de la tarde la televisión ofrece una gran variedad de telenovelas. Cuando se incluyen personajes de piel oscura, casi siempre son empleados domésticos. “En las novelas brasileñas, la gente negra siempre es miserable y sólo tiene un papel importante cuando se habla de un crimen”, dice Adyel Silva, conductora de “TV da Gente” (primer canal dirigido a negros en Brasil). “Uno crece con la idea de que si no es rubia y tiene ojos azules, no es linda. Prende la televisión y ve a Xuxa” (Diario Clarín, 13 de enero de 2006). Esto también se advierte en Estados Unidos desde la década de los 60, por lo que han surgido numerosas voces críticas sobre el racismo y el tratamiento despectivo que se da a determinadas minorías étnicas. Un informe publicado por la Comisión de Derechos Civiles (citado por Vilches, 1993) sobre la atención prestada a la mujer y las minorías en televisión denunciaba con precisión que: “en los años 50 y 60 los programas de televisión mostraban a los indígenas como salvajes y sanguinarios. (…) Por su parte, los asiáticos han visto como la televisión los especializaba exclusivamente en ciertas habilidades como lavanderos, villanos y traidores y expertos en kárate. (…) También los negros han sido tradicionalmente relegados a ocupaciones de escaso prestigio social en la televisión” (Vilches, 1993).

En relación con los mestizos e indígenas argentinos, la cuestión presenta algunos matices. Muchas veces son objeto de estereotipos y de actitudes discriminatorias o de calificaciones peyorativas de “aluvión zoológico” o de “cabecitas negras” –nombre de un pájaro- a los inmigrantes mestizos que vinieron a trabajar a las grandes ciudades durante los años treinta y cuarenta, también ilustra el “sentido” de la animalización (Ford, 1987) y su inserción en el imaginario político. Según Aníbal Ford “el tropo de la animalización, la tendencia a reducir lo cultural a lo biológico, se vincula con el darwinismo social y la `supervivencia del más apto´. Así, el negro es, en la escala evolutiva, el eslabón inferior, en cuya cumbre está el hombre blanco”.

Tanto los negros como los orientales tienen poca trascendencia en la televisión argentina, esto se debe a que los blancos invaden la pantalla chica. Hay empresas como TCV-Casting que llevan a cabo la selección de actores y extras orientales a través de una base de datos en Internet. Algunos de los postulantes tuvieron la oportunidad de trabajar en programas como “Indomables” (el antecesor de “Duro de Domar”) y en la tira de ficción “Son Amores”, de la productora Pol-ka. En ambos casos el tiempo que estuvieron al aire fue mínimo, el rol que se les asignó fue de coreano de un supermercado y de acompañante de un cómico. Esto no contribuye a quitar el estereotipo establecido.

Los medios argentinos muchas veces operan como difusores y legitimadores de imaginarios sociales. Un caso particular se desarrolló en la cobertura del 11 de septiembre, en la que se asoció la imagen del árabe como terrorista. Las mediaciones o dispositivos que utilizan los medios sobre la violencia son una forma de “sacar a la luz” el imaginario de toda una sociedad sobre el tema. Y, a su vez, de retroalimentar a ese imaginario (Ford, 1999).